(Aztecaamerica.com/Yukiko Nishikawa) El 26 de julio de 1952 Eva Perón murió a los 33 años a causa de un cáncer de cuello uterino; su cuerpo fue embalsamado y expuesto al pueblo que la quería. Tres años después cuando la Revolución Libertadora derrocó el régimen peronista, su cadáver fue secuestrado y permaneció desaparecido durante 14 años. Se dice que los comandos que realizaron el secuestro pusieron en marcha un plan bastante macabro, pues el cuerpo de Evita permaneció en una camioneta durante meses, la cual cambiaban de ubicación por las distintas calles de Buenos Aires. Después el féretro pasó a formar parte del mobiliario de la oficina del coronel Carlos de Moori Koenig.
El 23 de abril de 1957 el cadáver de Eva Perón fue enviado a Milán, donde fue sepultado en un famoso cementerio de manera clandestina con la complicidad de altos mandos oficiales y clericales.
Entre muchos mitos alrededor de este suceso, se dice que se realizaron tres copias de cera de los restos mortales de Evita, además de otras historias de profanación. Después de distintas luchas, intrigas y muertes, el cuerpo de la célebre mujer fue exhumado del cementerio italiano, pero le faltaba un dedo meñique, que intencionalmente alguien le cercenó. En 1974 la tercera esposa de Perón recuperó el cadáver y le dio sepultura en la casa presidencial. Finalmente, en el año de 1976 su cuerpo fue enviado al cementerio de la Recoleta, donde permanece hasta nuestros días.
Evita Perón es conocida por haber luchado incansablemente por la igualdad social, principalmente buscando los derechos de los obreros y de las mujeres, convirtiéndose en el rostro humano del régimen peronista.