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De manoseadas y culpas: Taylor Swift dio su mensaje más importante desde un tribunal

Bárbara Pérez Curiel | @bpcuriel Bárbara Pérez Curiel | @bpcuriel

14 de agosto de 2017, 12:15 hrs

Swift

Imagen: Reuters

Durante la sesión de fotos previa a un concierto en Denver en 2013, Taylor Swift posó junto a David Mueller, un locutor de 51 años de la estación de radio KYGO-FM. Ante a la cámara, junto a su novia y frente cientos de personas, Mueller le metió la mano  a Swift por abajo de la falda.

Cuatro años después, la cantante les dio un mensaje fundamental a sus seguidores, no durante un concierto, sino desde un tribunal: "No voy a dejar que me haga sentir como si esto fuera de alguna manera mi culpa”.

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Después de que Mueller la agrediera, Swift, que entonces tenía 23 años, lo acusó con la estación. Mueller fue despedido y, pensando que podría sacarle algo más a la situación, es decir, además de la manoseada, demandó a Taylor Swift por 3 millones de dólares bajo el argumento de que la acusación, que él negaba, había arruinado su carrera. Ella lo contrademandó por agresión sexual

El juicio fue un escenario más de lo que suele suceder ante los casos de violencia sexual: se trató de culpar a la víctima. Gabriel McFarland, el abogado de Mueller, se fue por la vía fácil y se respaldó en un lugar común muy exitoso de la retórica sexista: silenciar la experiencia de las mujeres y responsabilizarlas de haber propiciado o permitido la agresión. Por ejemplo, argumentó que Swift pudo haber detenido a Mueller si lo que éste hizo había sido realmente "tan desagradable", a lo que ella, hablándole por su nombre de pila, le respondió: "Y tu cliente pudo haberse tomado una fotografía normal conmigo".

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Con su testimonio, mordaz y sin eufemismos, Swift nos recordó algo que el mundo se empeña en hacernos olvidar: que las víctimas de cualquier forma de violencia sexual no tienen la culpa de su agresión.

Sin embargo, también reconoció que lo que debería ser un derecho a defenderse no es tal, sino un privilegio para las mujeres que pueden pagarlo, por lo que prometió hacer donaciones a organizaciones que ayudan a víctimas de abuso sexual a defenderse legalmente.

El nivel de mediatización del caso lo convirtió en el símbolo de una escena dolorosamente rutinaria: una mujer abusada a la que se trató de culpar y cuyo daño se intentó minimizar al enfocar la atención en cómo la situación podría afectar al agresor.

El viernes pasado, el jurado desestimó la demanda interpuesta por Mueller y el lunes siguiente, determinó que éste era culpable de agresión sexual.

En Estados Unidos, una persona es víctima de agresión sexual cada 98 segundos, una de cada seis mujeres ha sido víctima de violación o intento de violación y el 90% de las víctimas son mujeres. El dólar por el que Swift demandó a Mueller tiene un valor incalculable para las todas ellas, mientras que el veredicto se convirtió en la respuesta que necesitamos repetir una y otra vez ante a la violencia sexual: que el único culpable es, directamente, el agresor e, indirectamente, la sociedad que lo condona.