Fue en el año de 2001, exactamente el día seis de julio, cuando la pareja alemana conformada por Daniel y Manuela Ruda decidieron llevar a cabo el ritual que con cierto tiempo de anticipación habían planeado cuidadosamente: acabar con la vida de un amigo de Daniel en honor a Satanás.
La desprevenida víctima fue atacada en cuanto llegó al departamento de los asesinos; fue sorprendido por un golpe de martillo en la nuca, seguido de 66 puñaladas en el corazón. Después de muerto, un pentagrama invertido fue rasgado en la piel de su pecho y acto seguido los Ruda bebieron su sangre.
La pareja admitiría después su total participación en el crimen, alegando que lo habían hecho por órdenes del mismo diablo. Manuela, de 23 años, aseguraría: “no estábamos solos en aquél lugar. Había una presencia poderosa cuyos ojos eran brillantes y terribles.”
Los Ruda fueron capturados y a lo largo del juicio en su contra, tanto Manuela como Daniel, de 26 años, no mostraron ningún arrepentimiento por lo ocurrido, e incluso ambos llegaron a afirmar que Frank se encontraba junto a Satán, y que ese era el mejor lugar donde se podía estar. Llamaban la atención en cuanto arribaban a la corte por su total irreverencia y su inusual vestimenta.
Psiquiatras expertos declararon a la pareja mentalmente enferma, por lo que establecieron que no podían tener responsabilidad total de sus actos; por tal motivo fueron sentenciados, 15 años él y 13 ella, a permanecer en un hospital psiquiátrico con posibilidad de que la pena pueda ser extendida, ya que se presumía que los asesinos podrían volver a matar.
Los abogados defensores aclararon que tanto Manuela como Daniel no eran los monstruos que los medios intentaban crear, sino simplemente personas enfermas que buscaron llamar la atención y obtener fama por un costo demasiado alto. Alegaron que no había nada de satánico en el crimen, sino que era simplemente el caso de un asesinato cometido por dos personas severamente perturbadas.
A diferencia de la declaración anterior, Silvia Eilhardt, consejera juvenil y experta en satanismo, asegura que este caso en particular sirve para demostrar que lo concerniente a Satán no debe tomarse como una broma o como un cuento, pues tiene severas repercusiones, como las vistas en este caso, que llevan irremediablemente a la muerte.