SECCIONES DENoticias

Enmienda 25: ¿destituir al "niño Trump" por incapacidad mental?

Bárbara Pérez Curiel | @bpcuriel Bárbara Pérez Curiel | @bpcuriel

03 de julio de 2017, 10:05 hrs

Trump

Imagen: Reuters

El 1 de julio la gestión de Donald Trump tocó fondo ante los ojos de los ciudadanos. No sólo el 57% de los estadounidenses desaprueba su desempeño en la Casa Blanca, sino que el 47% apoya su destitución

Así inicia un mes negro para Trump  en el que marchas en 46 ciudades del país le recuerdan que está siendo investigado por obstrucción a la justicia y en el que, con un poco de suerte, entiende que hay más gente que quiere su destitución que la que aprueba su mandato

Por otra parte, el país comienza el mes con información fresca para dar rienda suelta a lo que se ha convertido en su pasatiempo favorito: el barajeo mental de los distintos caminos que podrían llevar a Trump a perder su trabajo. 

La destitución de un presidente mediante un juicio político (impeachment) es un proceso difícil que requiere de un acuerdo considerable en el Congreso, pues, además de una votación mayoritaria en la Cámara de Representantes, se necesita una de dos tercios en el Senado. Y como se ha repetido hasta el cansancio, con un Congreso controlado por los republicanos, un juicio político a Trump en el futuro cercano parece poco probable.

Mientras tanto, la otra vía que ofrece la Constitución para sacar a un mandatario de la Casa Blanca está tomando fuerza: la invocación de la sección cuarta de la vigésimo quinta enmienda, que establece la posibilidad de declarar al presidente en turno como incapacitado para gobernar.

El 13 de febrero de este año Trump no llevaba ni un mes y medio en la Casa Blanca cuando un grupo de psicólogos y psiquiatras renombrados escribieron una carta al New York Times en la que confirmaron un diagnóstico patológico que muchos sospechaban desde la campaña presidencial: que Trump no estaba capacitado mentalmente para cumplir con las funciones de un presidente de los Estados Unidos: 

Los pronunciamientos y las acciones del señor Trump demuestran su incapacidad de tolerar posturas distintas a la suya, lo que lo lleva a reaccionar ante éstas con ira. Sus palabras y su comportamiento sugieren una profunda incapacidad de empatía. Las personas con estos rasgos distorsionan la realidad para acomodarla a su estado psicológico, para lo cual atacan tanto a los hechos como a quienes los comunican (periodistas, científicos). Cuando se trata de un líder poderoso, es probable que este tipo de ataques aumenten a medida que su mito de grandeza personal parece confirmarse.

Creemos que los signos de la grave inestabilidad emocional que muestran las palabras y acciones del señor Trump lo inabilitan para fungir como presidente de forma segura. 

Desde entonces, comenzaron a aparecer más y más referencias a la dichosa enmienda. En mayo, el columnista conservador del New York Times Ross Douthat escribió en un texto titulado "La solución de la vigésimo quinta enmienda para sacar a Trump":

La presidencia no es sólo un trabajo más. Se ha convertido, por buenas y malas razones, en un puesto con un poder político semimonárquico; un lugar fijo en el que a diario hay que cargar con presiones inimaginables y la parada final de decisiones que, de un momento a otro, pueden resultar en que personas en todo el mundo vivan o mueran. 

No es necesario ser un superhéroe de Marvel o un superhombre nietzscheano para estar a la altura de esta responsabilidad, pero sí se necesitan algunos atributos básicos: un nivel de curiosidad intelectual razonable, cierta seriedad en los objetivos, un nivel básico de habilidades administrativas, una capacidad de concentración decente, una brújula moral funcional y algo de contención y autocontrol. [...] Trump es deficiente en todos estos ámbitos. Yo no creo que sea realmente capaz de llevar a cabo las conspiraciones ocultas que se imaginan las teorías más oscuras sobre la trama rusa. Y es difícil romper el juramento de un cargo cuyas obligaciones no pareces entender o respetar en lo absoluto. [...] La presidencia ha asumido un tono mayestático y tenemos a un niño en el trono.

Ross argumenta que, al igual que un niño, Trump no puede cometer crímenes en el "sentido común del término" y que, debido a que "no entiende la naturaleza del puesto que ocupa, de las limitaciones a las que está adherido y quizá tampoco de las interacciones humanas normales", no puede ser realmente culpable de obstruir la justicia. Como conclusión, Ross sostiene que la vía hacia la destitución tendría que partir de su incapacidad, de su infantilidad, y no de un juicio político que lo responsabilizaría de sus acciones.

La sección cuarta de la vigésimo quinta enmienda de la Constitución de los Estados Unidos establece que el vicepresidente, la mayoría de los miembros del gabinete o cualquier otro organismo autorizado por ley a través del Congreso pueden declarar al presidente como incapacitado para ejercer el cargo. En dado caso, el vicepresidente asumiría la presidencia de manera interina. 

"Tal como su popularidad, cada vez que el presidente parece tocar fondo, el fondo se hace más profundo".

La enmienda 25 se ratificó en 1967 como respuesta a la falta de un plan claro de sucesión en caso de que el presidente en turno se quedara súbitamente incapacitado para ejercer como tal, ya fuera de manera temporal o permanente. Este tema se volvió urgente en la década de 1950 con las enfermedades de Eisenhower, Roosevelt y Wilson, y en la siguiente con el asesinato de Kennedy.

Cincuenta años después, la enmienda jamás ha sido invocada; sin embargo, actualmente 25 legisladores demócratas respaldan un proyecto de ley presentado en abril para conformar un "comité de vigilancia"  en el Congreso que tenga la facultad de declarar incapacitado a Donald Trump. La persona detrás del proyecto es Jamie Raskin, profesor de derecho constitucional y legislador demócrata por el estado de Maryland.

Tal como su popularidad, cada vez que el presidente parece tocar fondo, el fondo se hace más profundo. Cerca del mediodía del jueves pasado, después de que Trump insultara por Twitter a los anfitriones de MSNBC Mika Brzezinski y Joe Scarborough en un arrebato inusual incluso para sus estándares, Raskin urgió a sus colegas a respaldar su proyecto bajo el argumento de que es "de suma importancia para la seguridad de la nación". 

En una entrevista a Yahoo News, Raskin dijo respecto al ataque a los periodistas: "Asumo que todo ser humano tiene derecho a uno o dos tuits errantes y aparentemente trastornados. La pregunta es si se trata de un patrón de comportamiento constante que indica que algo está realmente mal".

El mismo día, cuatro demócratas más se unieron a su proyecto, el cual está basado en la parte de la enmienda que dice que no debe ser necesariamente el gabinete el que reporte la incapacidad del presidente, sino "cualquier otro organismo autorizado por ley a través del Congreso". 

La ley de Raskin establecería dicho organismo; un “Comité de Vigilancia de la Capacidad Presidencial”, una comisión no partidista conformada por médicos psiquiatras y exfuncionarios públicos. No obstante, si bien es posible pasar por alto la opinión del gabinete, no lo es en el caso de la del vicepresidente y Pence podría bloquear el intento de Raskin.

Más aún, incluso en el escenario improbable en el que se contara con el apoyo de Pence, la enmienda contempla la posibilidad de que el presidente envíe una declaración al Senado y a la Cámara de Representantes que contradiga el veredicto de quienes lo declaran incapacitado

"Trump no es un niño; es un adulto legalmente responsable de sus acciones. Y aun si desconociera o fuera incapaz de entender las leyes a las que está sujeto, como dice la máxima, la ignorancia de la ley no sirve como excusa".

En caso de que eso sucediera (y es casi una garantía que el tremendo Trump no va a dejar que lo llamen incapacitado así como así), la decisión final quedaría en manos del Congreso y sería necesaria una votación de dos tercios a favor en ambas cámaras. Es decir, la vía de la enmienda 25 necesita un apoyo aun mayor en el Congreso que la de la destitución mediante un juicio político.

Raskin, sin embargo, asegura que su proyecto está generando interés entre legisladores demócratas y republicanos. Algunos de los que han firmado son John Conyers, de Michigan, y Debbie Wasserman Schultz, de Florida. 

Muchos autores reaccionaron críticamente al artículo de Ross y, en general, a las propuestas de invocar la enmienda 25 bajo el argumento de que ésta convierte la determinación de la incapacidad en una cuestión política y no médica

Por otra parte, partiendo de su acta de nacimiento y no de su conducta (y en última instancia, de una valoración subjetiva de su conducta), Trump no es un niño; es un adulto legalmente responsable de sus acciones. Y aun si desconociera o fuera incapaz de entender las leyes a las que está sujeto, como dice la máxima, la ignorancia de la ley no sirve como excusa.

Por ahora, podemos esperar que las fantasías sobre su destitución se sigan alternando entre los dos escenarios legales posibles según lo que Trump diga o lo que los demás digan de él; particularmente Robert Mueller, el (otro) exdirector del FBI a cargo de investigarlo. 

CLIMA

F C
VIENTO
ATMÓSFERA
ASTRONOMÍA

Selecciona una ciudad:

Powered by