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Dormir con el enemigo: muertes por arma de fuego en EEUU

Israel Pompa-Alcalá Israel Pompa-Alcalá

07 de agosto de 2017, 14:35 hrs

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Imagen: Depositphotos

Durante la primera semana de 2016, el ahora expresidente de los Estados Unidos, Barack Obama, buscó por enésima vez impulsar una acción ejecutiva que dificultara la obtención de armas de fuego por parte de los ciudadanos. Este anuncio tuvo gran resonancia luego de que 2015 fuera uno de los años más sangrientos en cuanto a asesinatos por arma de fuego en el país: en dicho período se registraron 372 tiroteos, de los cuales 64 ocurrieron en escuelas, mientras que la cifra de asesinatos por arma de fuego llegó a los 13,286 casos. 

En marzo del mismo año, The American Journal of Medicine lanzó un estudio que compara la violencia por arma de fuego en Estados Unidos con la ejercida en otras 22 naciones pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE por sus siglas en inglés) según datos del 2010. Este trabajo arrojó cifras realmente alarmantes. Por ejemplo, un ciudadano estadounidense tiene 7 veces más posibilidades de morir asesinado que los residentes de otros países considerados desarrollados, y si el crimen es cometido por arma de fuego, la cifra se eleva hasta 25 veces más. También señala que el homicidio violento por arma de fuego es48 veces más común entre los jóvenes entre 15 y 24 años que en cualquier otro país miembro de la OCDE, o que, si bien la tasa de suicidios es relativamente similar entre los 22 países, en Estados Unidos el uso de arma de fuego resulta 8 veces mayor. 

Estos datos llevan a una conclusión escalofriante: el 90% de mujeres, 91% de niños de hasta 14 años, 92% de jóvenes entre los 15 y los 24 años, y 82% de toda la gente asesinada por arma de fuego en el estudio señalado provienen de los Estados Unidos. 

Según datos de la BBC(con cifras registradas por el Gun Violence Archive en 2012), el número de asesinatos per cápita en los Estados Unidos es casi 30 veces superior al de Reino Unido, al tiempo que de todos los asesinatos ocurridos en Estados Unidos, 60% se perpetraron con un arma de fuego, mientras que en Australia éstos ocuparon el 18.2% y en Reino Unido el 10%. 

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En el mismo reportaje de la televisora británica, se dice que la cantidad de personas asesinadas al año entre 1968 y 2011 eclipsa a todas aquellas perecidas en las guerras libradas por Estados Unidos: 1.4 millones de estadounidenses han muerto por arma de fuego dentro de la nación, mientras que las bajas norteamericanas perpetradas desde la Guerra de Independencia hasta la Guerra de Irak asciende a 1.2 millones. 

Según Erin Grinshteyn, uno de los autores del estudio realizado por The American Journal of Medicine, los resultados de la investigación no deben enfocarse sólo en los casos ya ocurridos, sino en la cantidad de armas que circulan por el país. “Las cifras obtenidas son consistentes con la hipótesis de que nuestras armas nos matan más que protegernos”, comentó Grinshteyn en entrevista para NBC. 

Y es que si bien no existen cifras oficiales, se estima que hay 300 millones de armas en los Estados Unidos, las cuales están en manos de una tercera parte de la población total. Hablamos de casi un arma por cada niño, mujer u hombre en el territorio.

¿Por qué esta cantidad de armas? La primera razón es que se trata de un derecho constitucional. Según la segunda enmienda de la carta magna estadounidense, todo ciudadano tiene derecho a portar un arma para defensa personal, hecho que es defendido a capa y espada por grupos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), quien cuenta con cerca de 5 millones de simpatizantes registrados. A pesar del argumento de la portación u obtención de un arma como medio para la defensa, resulta que éstas son más letales para el estadounidense promedio que, por ejemplo, el terrorismo. Según el Departamento de Justicia y el Consejo de Asuntos Exteriores, 11,835 personas han muerto anualmente por arma de fuego entre 2001 y 2011, mientras que los fallecimientos en actos terroristas en el mismo periodo ascienden a 571 casos (si se remueven las cifras del 11 de septiembre de 2001, la cantidad de asesinatos por terrorismo descienden a un promedio anual de 31 personas). 

La conclusión es lógica: si bien en Estados Unidos existe una percepción de que cualquier daño vendrá de agentes extraños, la realidad es que el estadounidense duerme junto al enemigo y las posibilidades de ser asesinado por arma de fuego dentro del territorio son más altas que en ningún otro país del mundo. Por ello, a pesar de la resistencia de organizaciones como la NRA, es importante revalorar esfuerzos por controlar con mayor rigurosidad el tránsito de armas, como lo intentó Barack Obama en 2016. El hecho de limitar o reducir el número de las mismas, si bien no terminará con toda la violencia, sí ayudará a disminuir hechos trágicos como los tiroteos en lugares públicos, mismos que hoy convierten a la población más joven (aquella entre los 15 y los 24 años) en la más vulnerables del territorio estadounidense. No se trata sólo de una lucha contra las armas, sino una batalla por el futuro. 


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