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Disfraces racistas: la máscara del odio

Israel Pompa-Alcalá Israel Pompa-Alcalá

10 de agosto de 2017, 09:07 hrs

mexicano disfraz racista

Imagen: Depositphotos

Los símbolos definen nuestra interacción con los demás a niveles mucho más profundos de los que pensamos. El sociólogo estadounidense Herbert Blumer (1900 – 1987) fue responsable de crear una de las escuelas de análisis social más importantes del siglo XX: el interaccionismo simbólico.

Las principales premisas de esta teoría son: 1) las personas actúan sobre los objetos e interactúan con otras personas a partir de los significados que le otorgan a los mismos, es decir, mediante la creación de símbolos; y 2) los significados son producto de la interacción social, la cual ayuda a constituir tanto al individuo como a los demás. Uno de los máximos exponentes de esta escuela de pensamiento fue el canadiense Erving Goffman (1922 – 1982), quien utilizó el teatro como metáfora para explicar justamente la creación de significados en sociedad.

De acuerdo con Goffman, los seres humanos enfrentamos la vida diaria, la cotidianidad, con una o varias máscaras puestas. Según la situación o interacción que vivamos en cada momento, cambiamos o mantenemos alguna de nuestras máscaras.

Si unimos esta idea con la de Blumer, podemos concluir que nos imponemos un disfraz
simbólico
no sólo para determinarnos a nosotros mismos, sino a los demás.

En el mundo existen celebraciones o tradiciones que nos brindan la oportunidad de rebasar nuestra identidad diaria (la máscara goffmaniana) para adoptar otra, la cual puede ayudarnos a significar el mundo que nos rodea. Esta posibilidad es también un caldo de cultivo para la discriminación, el sexismo y, por supuesto, el racismo. En pleno siglo XXI observamos cómo ciertos festejos son sólo un pretexto para hacer mofa de razas o culturas minoritarias, al tiempo que se alimentan prejuicios y estereotipos negativos.

¿Cuántas veces hemos observado en redes a gente blanca con la cara pintada de negro, bigotes falsos, zarapes y sombreros mexicanos utilizados en tono de burla, trajes tradicionales nativo-americanos totalmente sexualizados o desvirtuados, así como el uso de la vestimenta tradicional árabe como sinónimo de terrorismo? Cuando un sujeto decide disfrazarse de miembro de una cultura ajena a la suya, está significando a los otros, es decir, dotándolos de sentido y enunciando de manera simbólica o explícita lo que cree de ellos, la forma en que los mira.

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Para muestra, un botón: durante el mes de mayo de este año, la fraternidad Kappa Sigma de la Universidad Baylor en Waco, Texas, decidió hacer una fiesta temática “mexicana”, la cual vio desfilar varios disfraces de trabajadoras del hogar, trabajadores de la construcción y los clásicos elementos de la supuesta mexicanidad (bigote, sombrero, zarape). Al avanzar la noche, los gritos de “¡construye el muro!” aparecieron atronadores y amenazantes. Lo que empezó con un “inocente” disfraz, terminó en la pronunciación de un discurso de odio contra la comunidad inmigrante. 

Como era de esperarse, la reacción de varios estudiantes fue enérgica: más de 200 alumnos protestaron el lunes siguiente a la fiesta y exigieron a las autoridades fomentar políticas prodiversidad y campañas para generar inclusión. Además, pidieron se sancionara a la fraternidad, que la misma emitiera de una disculpa formal, y que sus integrantes fueran obligados a tomar cursos en temas de diversidad cultural.

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Otro caso: la actriz Julianne Hough recibió fuertes críticas luego de subir una fotografía en la cual se observa que oscureció su piel con maquillaje, todo para disfrazarse de Crazy Eyes, popular personaje de la serie Orange is the New Black. Hough declaró posteriormente: “Nunca fue mi intención ser irrespetuosa o denigrar a nadie. Mi disfraz hirió y ofendió a mucha gente, así que me disculpo honestamente”. 

Al respecto, Eric Lott, profesor de Estudios Americanos en la Universidad de la Ciudad de Nueva York comentó: “[Oscurecer la piel] solía ser una forma de entretenimiento que remonta a todo tipo de problemas, ya sean la esclavitud o cierta fantasía sobre la gente de color. Resulta tonto hacer algo así, pues es totalmente racista. El blackface (como también es conocida esta acción) lo único que hace es darle a la gente blanca el privilegio de representar a la gente de color y su cultura para tratarlas como un objeto”. Este último hecho también recibe el nombre de apropiación cultural, que puede ser definida como la adopción de elementos y símbolos de una cultura por parte de otra para reafirmar significados negativos de la primera, es decir, ponerse un disfraz como máscara del odio.

Esto puede comprobarse con el siguiente ejemplo: en 2016, miembros de la universidad canadiense de Queens, convocaron a una fiesta de temática “racista”, donde abundaron los falsos árabes, mexicanos, gitanos y asiáticos. Si bien la fiesta tuvo lugar fuera de las instalaciones de la universidad, alarmó a las autoridades, quienes de inmediato lanzaron un comunicado donde se deslindaban de los organizadores, bajo el argumento de que éstos no representan los valores de inclusión y diversidad de la casa de estudios.

Afortunadamente existen personas que oponen resistencia a los cada vez más populares disfraces racistas y a las fiestas promotoras de estereotipos étnicos negativos.

Alumnos de la Universidad de Massachusetts, Campus Amherst, crearon un cartel que sirve como guía para definir si un disfraz es racista o no. Con una serie de preguntas muy sencillas, los estudiantes pueden determinar si su idea de disfraz resulta potencialmente ofensiva para otras culturas o razas, con una clasificación que va del nivel bajo o nulo de racismo, hasta lo severa y peligrosamente agresivo.

Por otro lado, la organización Students Teaching About Racism in Society (STARS), perteneciente a la Universidad de Ohio, comenzó una campaña social a través de diversos carteles, en los que se observa a jóvenes pertenecientes a minorías sostener fotos de personas “disfrazadas” de sus propias razas, con lo cual alimentan los prejuicios étnicos. El lema de esta iniciativa es "Somos una cultura, no un disfraz" (“We’re a Culture, Not a Costume”), el cual se pretende concientizar acerca de fenómenos como la apropiación cultural o la caricaturización de rasgos raciales distintivos.

Gracias a estos esfuerzos, podemos llegar a una buena reflexión: si bien el otro siempre
será diferente, podemos hacer el esfuerzo de alimentar nuestra capacidad de respetar, reconocer y convivir con la diversidad de razas y culturas que nos rodean.

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