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¿La raza es un invento de la sociedad?

Israel Pompa-Alcalá Israel Pompa-Alcalá

16 de agosto de 2017, 21:21 hrs

raza

Imagen: Reuters

Pocos conceptos tan complejos y manipulables como el raza. A lo largo de la historia, este término ha sido utilizado para diversos fines, al tiempo que ha tenido que reformularse de la mano de los avances científico-sociales.

Según el sociólogo estadounidense John J. Macionis, podemos determinar el desarrollo del concepto de raza en la última mitad del siglo XVIII, donde se definía como “una categoría de individuos que comparten ciertos rasgos hereditarios que los miembros de la sociedad consideran significativos o relevantes”. Como observamos, esta definición primeriza resulta bastante sencilla, pues simplemente señala ciertas características que permiten la diferenciación. Sin embargo, al poco tiempo algunos utilizaron el concepto para atribuir valores o catalogar a la sociedad de manera jerárquica. 

Hace poco más de 100 años, otro sociólogo estadounidense, William Edward Burghardt Du Buois, observó con preocupación que la raza era utilizada como un argumento de segregación, amparado por hechos “científicos” o “biológicos”. Por tanto, se convirtió en uno de los más férreos críticos de esta interpretación de raza, que defendía que el color de la piel era un parámetro para segregar u ordenar socialmente a grupos de personas, sobre todo porque estas distinciones (comúnmente reducidas a la dicotomía blanco o no blanco) ignoraban el amplio espectro de la diversidad humana.

A partir de las ideas de Du Buois, se comenzó un amplio debate tanto en las ciencias sociales como en las llamadas “duras” por tratar de llegar no a una definición de raza, sino a declarar si este concepto era una construcción social (un invento) o realmente se trataba de una categoría biológica incuestionable. 

Al respecto existe un sinfín de teorías, desde las más disparatadas (como la promovida por el Dr. David Duke, infame separatista e historiador estadounidense quien afirma que las razas presentan rasgos fisiológicos, genéticos y de composición muscular particulares, que generan ventajas al momento de comparar grupos humanos, por tanto la mezcla de razas “arruinaría” las habilidades intrínsecas de cada raza) hasta aquellas que poseen plena demostración por parte de la comunidad científica. 

La más reciente de éstas fue lanzada en febrero de 2016, a través de la revista Science, donde un artículo avalado por la U.S. National Academies of Science, Engineering and Medicine declaró que “el concepto de raza es demasiado crudo para proveer información valiosa, es un concepto que tiene un significado social, el cual interfiere con el conocimiento de la diversidad genética humana, por lo cual resulta urgente separarnos de él”. 

Al respecto, Michael Yudell, profesor en la Drextel University de Philadelphia, declaró en la revista Scientific American que la raza opera en una suerte de paradoja, pues si bien tiene una función que ayuda a categorizar la diversidad, también se trata de un concepto que en sí mismo empobrece dicha diversidad al ceñirla a unos cuantos grupos definidos. En ese sentido, el biólogo y director del Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology en Alemania, señala: “lo que los estudios del genoma en diversas partes del mundo nos ha enseñado es que entre África y Europa, por ejemplo, no existe diferencia genética alguna, es decir, no existe prueba empírica de que exista una variante específica para los africanos y otra para los europeos”. 

Para demostrar lo anterior, se llevó a cabo un experimento, donde se tomaron los genomas completos de James Watson y Craig Venter, dos famosos científicos estadounidenses de ascendencia europea, para compararlos con los de Seong-Jin Kim, colega suyo de origen coreano. Los resultados arrojaron que Watson (quien recientemente fuera exiliado de la comunidad científica luego de, irónicamente, hacer comentarios racistas) y Venter tenían menos compatibilidad genética entre ellos que ambos con Kim. 

Este tipo de resultados también fueron obtenidos por la empresa Momondo, quienes crearon el DNA Journey, experimento donde personas de diversas partes del mundo se sometieron a pruebas de ADN para rastrear sus orígenes étnicos. En la mayoría de los casos, los resultados sorprendieron a los participantes, pues lo mismo se demostró que un hombre musulmán tenía raíces judías o que una mujer abiertamente en contra de Turquía resultó ser prima de un hombre turco. El estudio se encuentra completo para su consulta en la página de Momondo, así como un video donde se puede observar a las personas involucradas. 

Es así que, luego de un siglo, la ciencia parece darle la razón a Du Bois, lo cual abre un nuevo paradigma: la raza no nos hace diferentes, sino que nos acerca más, a pesar de las diferencias fisiológicas o de fenotipo. Mantener un juicio sobre las habilidades, aptitudes o alcances de alguien sólo por su raza, resulta erróneo la mayoría de las veces, según afirma el propio Yudell. Es entonces momento de abandonar el concepto de raza para definirnos en categorías y abrazar la idea de que todos, de alguna manera, estamos relacionados por la misma y única raíz genética.

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