SECCIONES DENoticias

"The Shape of Water": Cuando el monstruo no es quien creías

Israel Pompa-Alcalá Israel Pompa-Alcalá

22 de enero de 2018, 12:19 hrs

formadelagua

Escena de la película más reciente de Guillermo del Toro "The Shape of Water" ("La forma del agua").

Desde que el humano es humano ha recurrido básicamente dos tipos de reacción ante aquello que desconoce: terror o fascinación. Si observamos la historia, descubrimos que nuestros ancestros tuvieron que convertir en deidades lo incomprensible: la lluvia, los astros, el viento, la ira y el amor.

Una anécdota del cineasta mexicano Guillermo del Toro es un ejemplo claro de esto. “Cuando era niño”, contó durante la edición más reciente del Festival Lumière en Lyon, Francia, “pasaron en la televisión una serie con un mutante calvo y ojos gigantes. Yo estaba en la cuna y empecé a gritar. Años después, mi psicoanalista me dijo que eso me creó una especie de Síndrome de Estocolmo. Ahí empecé a adorar a los monstruos”.

Nuestro instinto, en su nivel más básico, reacciona ante lo que no conocemos con una mezcla de amor y terror. Y justamente esta premisa le sirve como fondo a The Shape of Water (La Forma del Agua), la producción más reciente de Del Toro, que en lo que va de 2018 ha arrasado en los Globos de Oro, los premios de la Crítica Cinematográfica, los de la Sociedad Nacional de Críticos de Cine y los del Sindicato de Productores.

Esta historia, desarrollada en plena Guerra Fría, cuenta las andanzas de Elisa (Sally Hawkins) y Zelda (Octavia Spencer), dos mujeres que trabajan limpiando una base militar secreta en Estados Unidos y cuyas tranquilas vidas se ven repentinamente sacudidas por el descubrimiento de una especie de hombre anfibio proveniente del Amazonas (Doug Jones) que el coronel Richard Strickland (Michael Shannon) mantiene aprisionado en la base. 

Guillermo del Toro arrasa en Critic's Choice con "The Shape of Water"

Elisa, huérfana y muda desde pequeña (le cortaron las cuerdas vocales cuando era niña), comienza a entablar una relación, primero amistosa y después amorosa, con la criatura, considerada una deidad en su lugar de origen y un mero objeto de estudio para soviéticos y estadounidenses. 

Con este trabajo, Del Toro demuestra que tiene la mirada de un poeta y el corazón de un niño. El aspecto visual de The Shape of Water, capaz de regalarnos imágenes que se quedarán en la memoria y el alma para siempre, es simplemente inmaculada.

El argumento, si bien cuenta con algunos huecos, posee más cualidades que defectos. ¿Su mayor virtud? Hacer confluir distintas fuentes y estilos: por ahí se perciben ecos de Amélie (cinta francesa dirigida por Jean-Pierre Jeunet), del cine de espías y hasta de los musicales clásicos (el soundtrack es simplemente una joya). Pero su principal inspiración es Creature Frome the Black Lagoon (1954), una película de terror estadounidense que narra la historia de una criatura anfibia del Amazonas que rapta a una mujer de la que se enamora. 

En el corazón de la reinterpretación de Del Toro se encuentra un nuevo entendimiento de lo monstruoso. El monstruo no es el que es diferente, sino el que suele representar el modelo del éxito, de la normalidad: el coronel Strickland, hombre blanco, opresor, aliado y beneficiario del poder, y para quien los otros sólo son medios para conseguir sus fines es el verdadero mosntruo de The Shape of Water.

Teatro Colony "representa con orgullo a países de mierda"

El actor Michael Shannon atemoriza como pocos en su papel de malvado militar, que tortura sin piedad al hombre anfibio, representado por el actor fetiche de Del Toro, Doug Jones.

Sin embargo, la cinta se la roba por completo Sally Hawkins, quien en su reto de interpretar a una mujer incapaz de expresarse mediante el habla, consigue dar forma a un personaje empático hasta la médula y totalmente entrañable, sin perder una gota de fuerza y convicción. Su papel es el de la perfecta heroína del siglo XXI en una película contextualizada a mediados del siglo XX.

En The Shape of Water las heroínas y los héroes son quienes se caracterizan por ser distintos; concretamente, los marginados: la mujer muda, el hombre anfibio (el monstruo a los ojos de los monstuos de la cotidianeidad), el artista homosexual (un maravilloso Richard Kenkins), la mujer afroamericana (con una buena, aunque no brillante, participación de Octavia Spencer) en una época de segregación y racismo aún más opresor. Todos ellos viven aislados en un mundo que no les da cabida, pero en el que sus soledades son capaces de acompañarse con amor.

¿Cuál es la forma del agua? Ninguna y todas. El agua en sí misma no tiene forma, sino que adopta la del recipiente que la recibe. En la imaginación de Del Toro, el agua es monstruosa y bella, noble y terrorífica. Y así es también la humanidad, siempre la misma y siempre distinta.

Y representar esto en una pantalla sólo es posible si guardas bellos monstruos en el corazón, que te enseñan a amar la esencia misma de las cosas. O como escribe el propio Del Toro: “incapaz de percibir tu forma, te encuentro a mi alrededor. Tu presencia llena mis ojos con tu amor, pone humilde a mi corazón, porque estás por todas partes”.