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Elliot Rodger, el primero de una ola de asesinos de la alt-right

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07 de febrero de 2018, 19:30 hrs

SupremacistasSupremacistas blancos se manifiestan con la bandera confederada. Imagen: archivo. 

El 23 de mayo de 2014, la tragedia cayó sobre las cercanías del campus de la Universidad de California en Santa Bárbara, pues un chico de 22 años de edad llamado Elliot Rodger perpetró una masacre que dejó un saldo de 13 heridos y siete muertos, entre los que se encuentra el propio Rodger, pues luego de los disparos y la consecuente persecución policial, fue encontrado con un tiro en la cabeza, realizado por él mismo. 

El motivo del asesinato se supo al poco tiempo, pues salieron a la luz vídeos online que el asesino fue dejando en la red, donde confesaba lo que estaba por hacer. El último de ellos, realizado un día antes de su terrible acto, lo muestra enojado y ansioso, al tiempo que confiesa que se siente aislado y frustrado sexualmente, pues las mujeres lo rechazaban constantemente. Además de declararse virgen, dice en el vídeo: “mañana será el día de la venganza. Mi venganza contra la humanidad, contra todos ustedes. Los últimos ocho años de mi vida he tenido que soportar una existencia de soledad, rechazo y deseos insatisfechos, y todo porque nunca he resultado atractivo a las chicas. No entiendo cómo es posible que no les resulte atractivo. Las voy a castigar a todas por ello”. 

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Además de esta evidencia, nuevos datos acerca de Rodger salen a la luz. Según un reporte de Southern Poverty Law Center, el muchacho de 22 años se convirtió en el treceavo miembro de extrema derecha que perpetra un tiroteo o asesinato en masa. Si sumamos cada uno de los casos de asesinos de extrema derecha, se obtiene la escalofriante cifra de 43 personas asesinadas y más de 60 heridas desde 2014. 

El informe también indica que la mayoría de los perpetradores fueron hombres blancos por encima de los 30 años con ideas políticas comunes, es decir, que todos fueron participantes activos del “ecosistema político que define a la extrema derecha”. 

Por ejemplo, un reporte de 2015 realizado por la policía, reveló que la actividad virtual de Rodger consistía en buscar personajes nazis, así como personajes clave en el Holocausto. Los papeles indican que “el criminal estaba muy interesado en algunas de las prácticas y técnicas del Tercer Reich. Además, poseía información acerca de Joseph Goebbels y Heinrich Himmler, dos de los más infames miembros del dominio nazi”. 

Dicha investigación arrojó un dato escalofriante: el asesinato perpetrado por Rodgers ocurrió en la misma fecha que la muerte de Himmler. A pesar de lo funesto del asunto, la oficina de policía precisa que sólo se trata de una coincidencia. 

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Otro hallazgo fue el de un diario cercano a las 140 páginas, donde Rodger hacía patente su racismo, como queda establecido en el siguiente extracto: “¿cómo puede un inferior y horrible chico negro tener a una chica blanca y yo no? Soy hermoso y soy blanco. Desciendo de la aristocracia británica, él desciende de esclavos”. 

Los resultados de este reporte vuelven a poner el dedo en la llaga: ¿Estados Unidos es un país que duerme con el enemigo? ¿Todas las barreras que se ponen a supuestos terroristas extranjeros sirven de algo cuando los asesinos están dentro del país? ¿Por qué los crímenes de odio, género y raciales no son perseguidos de igual manera que el llamado terrorismo? ¿Por qué no se impulsa un control real de armas (Rodgers obtuvo todo su arsenal legalmente a pesar de que su familia expresó muchas veces que el muchacho no tenía una sana conducta emocional)? Mientras estas dudas encuentran respuesta, otro supremacista blanco podría estar planeando un nuevo crimen. Y así es como la espiral de violencia jamás termina.