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Orden de arresto a 235 miembros de secta creacionista acusada de abuso sexual en Turquía

Azteca América Azteca América

11 de julio de 2018, 08:07 hrs

Parece que el telepredicador turco Adnan Oktar ha perdido la protección de sus deidades. A primera hora de la mañana del miércoles, quien se autonombra “teólogo” fue arrestado. 

Oktar, famoso por sus charlas televisivas, denunciaba las ideas de Charles Darwin como uno de los orígenes de los males de la humanidad y sermoneaba sobre su particular visión del islam acompañado por sus “gatitas”, mujeres de labios pulposos, con grandes implantes de senos y siempre vestidas con top y pantalones ajustados. Ellas formaban parte de su secta.

En total, 235 órdenes de arresto que se han emitido contra el mismo número de miembros de la secta. 

La operación, que se ha iniciado con detenciones simultáneas en cinco provincias de Estambul, Turquía (incluido un asalto a la villa de Oktar a orillas del Bósforo), con el apoyo de helicópteros), la ha dirigido la sección de Delitos Financieros de la policía. 

Según el diario El País, la policía acusa a los miembros de la secta de una larga lista de crímenes, entre ellos “establecer una organización delictiva, abuso de menores, abusos sexuales, secuestro, chantaje y lavado de dinero”. 

Oktar, que predica también bajo el seudónimo de Harun Yahya, saltó a la palestra internacional cuando en 2007 envió a universidades de Europa y Estados Unidos unos inmensos tomos lujosamente encuadernados bajo el título de Atlas de la Creación, con los que pretendía demostrar que las especies, tal como las conocemos, fueron creadas por Dios y que no existe la evolución. 

Cabe señalar que Oktar llegó a pasar varios meses internado en un psiquiátrico. En Turquía se le conocía desde que en las décadas de los ochenta y los noventa trató de forjar una comunidad de fieles a su alrededor, en su mayoría procedentes de familias pudientes. En 2008, una acusación de la Fiscalía sostenía que los integrantes eran atraídos mediante fiestas y orgías que quedaban grabadas para después chantajear al que quisiese abandonar el culto. 

Tras ser exonerado, inauguró su propio canal de televisión, A9 TV, y se hizo conocido por sus lujosos eventos, como los banquetes de ruptura del ayuno durante Ramadán en el Palacio de Dolmabahçe, a los que acudían hasta diputados del parlamento israelí. 

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Pero la vida de fantasía de la que gozaba parece haber llegado a su fin. Oktar entró en una disputa verbal con Ali Erbas, presidente de la Dirección de Asuntos Religiosos o Diyanet, quien lo  acusó de “haber perdido el juicio” por dar sermones religiosos al mismo tiempo que “hace danzar a bailarinas del vientre”. 

En febrero, el Consejo de Radiotelevisión impuso multas a A9 TV por “contravenir las normas sobre igualdad entre sexos” y mostrar a las mujeres como objeto, y le ordenó clausurar su programa estrella. 

Un mes antes, un tribunal había dictado una orden de alejamiento contra él, tras las quejas de un padre cuyas dos hijas, una de ellas menor de edad, habían sido captadas por la secta. Y en marzo, Ceylan Özgül, una de las célebres “gatitas” de los programas de Oktar, abandonó la mansión en la que vive el núcleo de la organización y acusó públicamente a Oktar de haberla retenido contra su voluntad “durante 20 años”. 

La de Oktar no es la única organización islámica que recientemente ha visto cómo Erdogan le cortaba las alas. En uno de sus últimos decretos ley, el Ejecutivo prohibió la Fundación Furkan, una corriente islamista ultraconservadora que, en ciertas cuestiones, había criticado al Gobierno.  

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