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Premios Oscar 2019: Más allá de las estadísticas, ¿por qué la diversidad es importante?

Azteca América I The Conversation vía AP Azteca América I The Conversation vía AP

21 de febrero de 2019, 06:25 hrs

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Una estatua del Oscar en el almuerzo de los nominados a la 91ra entrega anual de los Premios de la Academia en Beverly Hills, California. 4 de febrero del 2019. Imagen: AP

Escrito para The Conversation por Dorinne Kondo (University of Southern California, Dornsife College of Letters, Arts and Sciences). Traducido por Bárbara Pérez Curiel

A unos días de que se entreguen los Premios de la Academia, la Iniciativa de Inclusión Anneberg publicó su reporte más reciente sobre diversidad en Hollywood. 

El informe documenta una tendencia positiva hacia la igualdad: el número de mujeres y personas de color en papeles protagónicos o coprotagónicos ha crecido en los últimos dos años. Aun así, la industria cinematográfica no ha alcanzado la paridad, especialmente en lo que se refiere a las personas de color, cuya representación es 11% menor que su proporción demográfica. 

Los datos estadísticos son una métrica indispensable para entender el panorama más amplio, lo que llamo "labor creativa" o a quiénes se contrata para ciertos trabajos. Sin embargo, los números solos no pueden explicar los tipos de personajes que se interpretan —si se trata de papeles estereotípicos o de retratos innovadores—. Los números tampoco nos dicen por qué la representación en la cultura popular puede tener un impacto tan profundo en la vida de las personas.

En mi libro Crear el mundo: raza, representación y la labor creativa [Worldmaking: Race, Performance and the Work of Creativity], abordo el tema de la diversidad como antropóloga cultural, dramaturga y académica especializada en estudios de performance. En él, sostengo que la representación cultural es un asunto que trasciende la búsqueda de la paridad por la paridad misma: el punto central es que cualquiera necesita verse reflejado en la esfera pública para poder existir y contar como un ser humano complejo y multidimensional.

Visiones de posibilidades

El psicoanalista teórico clásico Jacques Lacan propuso el concepto del "estadio del espejo" en el desarrollo humano, el cual, según aseguraba, es necesario para la formación de la identidad.

Lacan usó la metáfora de los niños muy pequeños que comienzan a reconocerse a sí mismos en el espejo como el primer paso hacia la posibilidad de verse como seres completos e integrados. Si bien es cierto que para Lacan era imposible alcanzar la completitud —nadie puede estar absolutamente completo e integrado—, argumentaba que las identidades se imaginan y se refuerzan mediante este proceso de reflexión.

Por este motivo, es crucial que la gente se pueda ver a sí misma reflejada en la cultura popular. Ver películas, televisión, teatro o deportes puede formar identidades; éstas se moldean jugando videojuegos, bailando y escuchando música. Los personajes que vemos y los papeles que éstos asumen son indicativos de qué vidas importan en la esfera pública y cuáles son borradas.

Las artes y la cultura popular dan lugar a lo que llamo "visiones de posibilidades" sobre aquello en lo que los espectadores y lectores pueden convertirse. Por generaciones, los miembros de la cultura dominante han sido fundamentalmente capaces de verse a sí mismos en la pantalla como líderes: los héroes de historias públicamente reconocidas y celebradas. En cambio, las personas marginadas han sido relegadas a posibilidades más limitadas, y estas limitaciones pueden extenderse a sueños y elecciones de vida menoscabados.

Esto está comenzando a cambiar. Ahora, un niño negro puede ver a Chadwick Boseman como el héroe de Pantera Negra [Black Panther] y a Storm Reid interpretar a Meg Murry, el protagonista de 13 años de Un pliegue en el tiempo [A Wrinkle in Time]. Un niño asiático-americano puede ver a Constance Wu dominar la pantalla en Locamente millonarios [Crazy Rich Asians], mientras que una persona indígena puede ver a Yalitza Aparicio protagonizar Roma.

La cultura puede combatir la "muerte lenta" de la desigualdad

La posibilidad de la audiencia de verse a sí misma se vuelve especialmente crucial cuando repensamos las formas en las que la desigualdad opera. El racismo, por ejemplo, no se trata simplemente de actos de violencia espectacular o pertenencia al Ku Klux Klan; tampoco es sólo un asunto de actitud o prejuicios.

La geógrafa crítica y activista por la justicia social Ruth Wilson Gilmore se refiere al racismo como "la vulnerabilidad a la muerte prematura diferenciada por grupos".

En otras palabras, ciertos grupos son más propensos a experimentar una esperanza de vida más corta, ya sea debido a la violencia, el encarcelamiento, la exposición a toxinas ambientales o incluso a causa de la mayor cantidad de energía que necesitan para sobrellevar un día cualquiera. La desigualdad racial, de clase y de género es capaz de mermar gradualmente la salud psicológica y física en un proceso que la profesora de Literatura en inglés Lauren Berlant denomina “una muerte lenta”.

Mi argumento es que, a la hora de contrarrestar la muerte lenta de la desigualdad, el tipo de reflejo en la cultura popular que reafirma a las audiencias de grupos marginados es revitalizante. 

Esto requiere atender la visión creativa. No se trata simplemente de números; es un asunto de qué historias se están contando y quiénes están controlando la narrativa. El creciente número de mujeres y personas de color en la pantalla no indica una visión creativa nueva y emocionante si estas personas se eligen para los papeles convencionales como el de la damisela en apuros, el "mejor amigo negro", el cada vez más popular mejor amigo gay "fabuloso" o el "nerd" asiático.

Nuevas voces, nuevas historias, nuevos entendimientos

De aquí la importancia de echar luz sobre una variedad de historias nuevas, ya sea haciendo de un superhéroe una estrella o simplemente fijando la atención en la vida cotidiana de personas de distintas culturas, clases, razas o sexualidades.

Las historias de familias blancas disfuncionales o de las crisis de la mediana edad de hombres blancos siguen siendo tan numerosas que no se pueden ni contar. 

¿Qué se puede ganar de personajes y premisas así de repetitivas? ¿Y si habláramos de las vidas y experiencias cotidianas invisibles de las mujeres indígenas o de Oriente Medio? ¿Qué podríamos aprender de la crisis de la mediana edad de una protagonista asiático-americana? ¿O, en primer lugar, "crisis de la mediana edad" sería un término apto para describir sus experiencias únicas? ¿Podríamos encontrar una nueva forma de imaginar su historia?

¿Cuántas otras historias pasan desapercibidas?

La crítica del poscolonialismo Gayatri Spivak escribió que el racismo y el colonialismo no son simplemente asuntos de dominación consciente y evidente. Más bien, implican lo que ella llama "zonas de ignorancia autorizada". En otras palabras, ¿qué ignora la gente acerca de aquellas personas que son diferentes?

La falta de diversidad crea zonas de ignorancia autorizada. Negarles plataformas a dramaturgos, guionistas y directores de comunidades marginadas priva a todos de la oportunidad de involucrarse con el mundo de nuevas formas.

¿Qué historias intrigantes nos esperarían si se les ofreciera un espacio para florecer a las visiones creativas y espléndidamente específicas de escritores y directores previamente ignorados? ¿Qué historias frescas y fascinantes podrían emerger?

Sin una lucha continua por la diversidad, las audiencias nunca lo sabrán.

Encuentra el artículo original en The Conversation