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"¿Y después de Ricky, qué?": Puertorriqueños planean estrategia para erradicar la corrupción del Gobierno

Azteca América | AP Azteca América | AP

31 de julio de 2019, 08:22 hrs

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En esta fotografía del 25 de julio de 2019, una mujer participa en las actividades para celebrar la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló, luego de semanas de manifestaciones, en San Juan, Puerto Rico. Imagen: AP

Los panfletos entregados en la protesta más reciente de Puerto Rico muestran al saliente gobernador de la isla como un payaso y a un titiritero controlando a aquellas personas abajo de él.

“¿Y después de Ricky, qué?”, se lee en la primera página en referencia al gobernador Ricardo Rosselló.

Es la pregunta que cientos de miles de puertorriqueños se hacen luego de haber logrado su principal objetivo: destituir a un gobernador por primera vez en la historia reciente del territorio estadounidense.

Está programado que Rosselló abandone el cargo el viernes a las 17:00 horas (hora local), pero de momento no está claro quién asumirá el cargo.

El legislador José Meléndez comentó a The Associated Press el martes que el gobernador nominaría a Pedro Pierluisi, exrepresentante de Puerto Rico ante el Congreso federal, como secretario de Estado, un puesto que está vacante y que es el siguiente en la fila para asumir el cargo de gobernador.

Sin embargo, Pierluisi tendría que ser aprobado por la Cámara de Representantes y por el Senado de la isla, y tanto Meléndez como otros legisladores han dicho que no votarían por él. Pierluisi fungió como el comisionado residente de Puerto Rico ante el Congreso de 2009 a 2017, y ahora funge como abogado de un bufete que representa a la junta federal de control que supervisa las finanzas del gobierno puertorriqueño, algo que los críticos dijeron que representa un conflicto de interés.

Una sesión especial para votar sobre Pierluisi se programó para el viernes, horas antes de la hora efectiva de renuncia de Rosselló.

Bajo la ley, el secretario de Estado reemplaza automáticamente al gobernador que deja el cargo, pero Luis Rivera Marín dejó libre esa posición al renunciar junto con una decena de funcionarios luego de que se filtraron unos mensajes con obscenidades en los que él, Rosselló y otros se burlaron de mujeres, personas de la comunidad gay y víctimas del huracán María.

Si no se aprueba un nuevo secretario de Estado para el viernes, la gubernatura pasa a manos de la secretaria de Justicia Wanda Vázquez, quien ha dicho que no está interesada en el puesto y que también enfrenta la ira de los manifestantes que exigen su renuncia.

Pero más allá de esas exigencias, los puertorriqueños dicen que ahora quieren erradicar la corrupción del gobierno y debatir sobre cómo lograrlo mientras aprovechan la energía que queda de los días de protestas callejeras que condujeron a que Rosselló renunciara.

“Hay que mantener la continuidad de lo que ha ocurrido para la necesaria limpieza del gobierno”, comentó José Rivera Santana, un urbanista de 64 años. “El futuro de Puerto Rico está ahora mismo en las manos de nuestra gente. No podemos ser pasivos”.

El logro histórico nació de un movimiento sin líderes que dependía en gran parte de las redes sociales, de la participación de estrellas como Residente y Bad Bunny, y de una población molesta y harta de la corrupción, de la lenta recuperación luego del huracán María y de una recesión de 13 años que también dio pie a la creación de una junta federal de control que ha implementado medidas de austeridad para el gobierno de Puerto Rico mientras reestructura una parte de la deuda pública de más de 70,000 millones de dólares de la isla.

El movimiento atrajo a estudiantes, profesionistas y jubilados, a ricos y pobres por igual, y por eso es que los puertorriqueños dicen que fue tan exitoso: Todos dejaron a un lado la política en una isla que está obsesionada por su estatus político y se unieron con un objetivo común.

“Estaban ahí en una olla de presión esperando por explotar”, dijo Ricardo Santos Ortiz, portavoz del Movimiento Socialista de Trabajadores, que también se sumó a las protestas.

Los teléfonos a lo largo y ancho de Puerto Rico sonaban decenas de veces al día mientras los ciudadanos comunes y grupos que incluyeron sindicatos laborales publicaban en las redes sociales o en chats privados anuncios sobre próximas protestas como: una salida a remar para los surfistas, una cabalgata hacia la mansión del gobernador, un evento de perreo combativo, una corrida en motocicleta y un encuentro de yoga.

“Era de nadie, pero era de todos”, comentó Yaddeliz Martínez Pérez sobre las protestas. “Aquí triunfó la voluntad del pueblo sobre cualquier cosa”.

La puertorriqueña desempleada de 38 años estuvo entre aquellas personas que se encargaron de organizar una protesta. Publicó los detalles en Facebook, pero luego se dio cuenta que ya se había organizado otra manifestación para ese día, por lo que canceló el evento y dijo a aquellos que habían confirmado que deberían unirse a la otra marcha.

Otros intentos fracasaron, incluido un plan para recrear la gigantesca manifestación del 22 de julio que bloqueó las principales carreteras de Puerto Rico, comentó Santos, un activista, agregando que en algunas ocasiones la legitimidad de los eventos dependía de si ciertos activistas los respaldaban.

Como muchos otros puertorriqueños, Santos señaló que quiere que el movimiento siga vigente, pero cree que debería estar más organizado.

“Hay que ver cómo mantenemos a la gente en la calle”, dijo. “Han sido un tanto anárquicas las convocatorias que se han dado”.

Pero es poco probable que el movimiento siga tan fuerte como lo fue en los últimos días, de acuerdo con Gabriel Torres Colón, un antropólogo cultural y político en la Universidad de Vanderbilt y que se ha enfocado en la isla caribeña.

Torres apuntó que sería muy difícil mantener la misma intensidad, añadiendo que las personas se dan cuenta que la corrupción está en lo profundo del sistema y que no será erradicada simplemente al reemplazar a los funcionarios de altos rangos.

Sin embargo, muchos puertorriqueños manifestaron que no se darán por vencidos.

Marisel Robel, desempleada de 29 años que estudió ingeniería, está en un grupo que fue formado hace un par de años para tratar de destituir a la junta federal de control. El grupo se unió a las manifestaciones para exigir la renuncia de Rosselló y ahora trata de mantener vivo el movimiento al conformar un grupo anticorrupción, señaló.

“Va a ser un aprendizaje para las organizaciones de cómo nos vamos a transformar”, puntualizó. “Se puede mantener, pero depende del trabajo de cada uno”.

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